Raymond Poulidor


Subió ocho veces al podio del Tour, tres veces, segundo, y cinco veces, tercero, lo que le valió el apelativo de eterno segundo, sinónimo de derrotado, una imagen que casa mal con su verdadero espíritu, la de un campesino tenaz, perseverante, paciente, un luchador estoico que maldice por dentro su mala suerte pero que un nunca se cambiaría por otro. A Georges Marchais, secretario general del partido Comunista Francés, le preguntaron si su partido no era el Poulidor de la política, y él respondió que a Poulidor se le había subestimado toda su carrera.
Corrió toda la vida con el mismo maillot, el del Mercier, la fábrica de bicicletas de Saint Étienne, violeta con mangas amarillas, y dirigido por el mismo director, Antonin Magne, su boina vasca y su blusón blanco para que todos le distinguieran desde lejos, y una divisa: “No hay gloria sin virtud”, y la virtud está en el agua, le recordaba, no en el champagne que tanto bebe Anquetil, o, como mucho, un tercio de vino diluido en dos tercios de agua.


Pero a pesar de no haber logrado nunca triunfar en el Tour de Francia (de hecho, ni siquiera llegó a llevar nunca el maillot amarillo), Poulidor fue un ciclista con un amplísimo palmarés de 189 victorias, entre las que destacan su triunfo en la Vuelta a España 1964 y siete etapas en el Tour.
Poulidor murió el 13 de noviembre de 2019 a los 83 años.


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